A continuación un pequeño comentario sobre la siguiente frase que compartieron conmigo: “El gobierno debe propiciar o impulsar la filantropía.
Organizaciones privadas de caridad proveen servicios de manera más eficiente
que el gobierno. Aún más, los donantes a estas organizaciones obtienen un
beneficio en utilidad positivo relacionado con
el denominado warm glow, en tanto
que el gasto gubernamental requiere de ingresos tributarios, que disminuyen los
incentivos a trabajar y reducen la eficiencia económica”.
No es ajeno para quienes estudiamos
un poco la ciencia económica aquel famoso dicho que reza: ‘‘de buenas
intenciones está empedrado el camino al infierno’’. Esto ya que son incontables
los proyectos de desarrollo o bienestar social que, pensados en mejorar las
condiciones de vida del público (o al menos de cierto sector) se presentan
llenos de bombo y sonantes como la próxima solución a los problemas del mundo
pero resultan en la práctica catastróficos ya que (parafraseando a Marx) llevan en sus
cimientos el germen de su propia destrucción.
Desde las políticas que llevaron
a liberalizar los controles financieros y ocasionaron el colapso del 2008,
hasta la caída de los estados del bienestar en los 80’s, todas las decisiones
han estado motivadas por la buena voluntad de las personas y los gobiernos,
pero nos han llevado a un camino de desastre. Es precisamente ante esto que
nace la duda ¿Ha llegado la hora de dejar que el bienestar esté en manos del
estado?
Se escucha pues entre las
palabras compartidas anteriormente, que bajo los criterios de eficiencia y
buscando no sacrificar el dinero de los contribuyentes, nos toca darle una
pequeña palmada al gobierno en la espalda, felicitarlo por sus esfuerzos e
invitarlo a retirarse de su labor filantrópica. Es ahora la empresa privada, líder de
eficiencia y raciocinio quien debe tomar los timones de tan importante labor y
luchar por el beneficio de los más desprotegidos
.
Más aún se busca eliminar aquella
vieja premisa arraigada a la ciencia económica, que justifica la importancia
del estado estableciendo que los agentes privados no tendrían incentivos para
brindar los bienes y servicios necesarios que el mercado no provee. La
eliminación se da creando una ‘‘nueva’’ teoría y como es costumbre, se le pone
algún nombre elegante y llamativo que suene contundente en las conferencias
alrededor del mundo. Se le llama ‘‘warm glow-giving’’.
Es aquí donde entra el economista
James Andreoni, un creyente acérrimo de la raza humana y fiel defensor de la
bondad de las personas. Quizás recordando que Adam Smith no sólo escribió La
riqueza de las naciones, Andreoni, introduce un concepto que la ciencia
económica había abandonado desde que el padre de la misma escribió La Teoría de
los sentimientos y dice: ‘‘los seres humanos son alturistas’’ después de todo
el propio Smith (antes que sus palabras fueran olvidadas y borradas por sus posteriores
obras) aseguró que el ser humano tiene una tendencia a hacer el bien ya que por
la capacidad de simpatizar, la felicidad de los demás resulta necesaria para la
propia.
Así pues, este ‘‘Warm glow’’ hace
que los agentes privados se sientan felices de lo que hacen. ¿Qué más se le
puede pedir a la vida? Si el gobierno se limita a propiciar la administración de
la justicia, en vez de a realizar obras de bienestar, tendremos pues un mundo
hermoso, donde no nos cobran impuestos ni pasa eso tan feo que llaman
ineficiencia, las personas por su propia cuenta velaran por el beneficio de los
desprotegidos y lo harán con mayor eficacia que el viejo y caducado estado.
Después de todo ¿Qué joven de clase alta no disfruta de realizar una fiesta de
navidad con los niños de las comunidades marginales?
Llegó pues la hora de realizarlo.
Tenemos el sustento teórico y la suficiente voluntad. Yo (agente privado)
pienso en mi beneficio máximo sobre todas las cosas, como soy altruista,
alcanzaré mayor utilidad generándole utilidad a los demás y el beneficio social
aumentará, todos seremos felices. ¡Vamos pues a construir a todos una casa con
‘‘Un Techo para mi país! ¡Sólo así combatiremos la pobreza y la desigualdad!
Pero justo cuando el estado está tomándose sus merecidas vacaciones de retirado
en las Bahamas, empezamos a notar que algo no concuerda. Es cierto, nuestro
beneficio social (definido económicamente) ha aumentado, la comunidad es más
feliz, pero no pasamos a más. Nuestros indicadores de desarrollo siguen siendo
paupérrimos, los problemas sociales no se solucionan y la desigualdad y la
pobreza aumentan aceleradamente.
Es entonces cuando -a estas
alturas del ensayo- el lector poco agudo se dará cuenta que los párrafos
anteriores venían plagados de sarcasmo. Cómo dijimos al principio: ‘‘el camino
al infierno está empedrado de buenas intenciones’’. Así, son las mismas buenas
intenciones las que llevan a los agentes privados a olvidarse que nuestra
sociedad no se puede analizar estáticamente, que no es a través de la
filantropía que se superan los problemas institucionales de nuestra economía.
Es necesario que el crecimiento económico y el desarrollo económico se hagan
presentes y ¿Qué nos asegura que lo harán?
A través de simple filantropía y
altruismo no lograremos mejorar las condiciones de la población, es necesario
ir más allá y adentrarnos en las teorías de crecimiento. Después de todo, no es
por medio de donaciones y caridades que aseguramos el crecimiento y el
desarrollo económico. ¿Acaso la buena voluntad nos traerá el capital humano y
el buen funcionamiento de las Instituciones?
No pretendo, como simple
estudiante de pregrado, enfrentarme a las palabras de un PhD y catedrático de
la Universidad de California en San Diego, como lo es James Andreoni, mucho
menos al padre de nuestra ciencia, Adam Smith. Es decir, no dudo que las
personas, en efecto, puedan hacer depender su felicidad de la felicidad de las
demás, no dudo que los humanos sean altruistas. Mi preocupación se basa en que
esta filantropía termina donde deja de representar un beneficio para mí, es
decir, esta depende exclusivamente de mi utilidad. Así las cosas, dejaré de
realizar obras de caridad en el momento en que el beneficio marginal que
obtengo de las mismas, por ser un ser altruista, sea menor a los costos en que
incurro por ser un ser social. ¿Qué hará
entonces que mi provisión de utilidad ajena aumente con el tiempo?
Desde que Malthus escribió su ‘‘Ensayo
sobre el principio de la población’’, ha quedado claro en nuestra ciencia que
el crecimiento se debe analizar desde una perspectiva dinámica. Así, un aumento
temporal y estático del bienestar social, no asegura crecimiento económico y,
por ende, tampoco el desarrollo. Para esto es necesario un cambio de las
variables que lo expliquen.
Si la filantropía nace de un acto
que busca generar utilidad inmediata ¿Por qué habría alguien de obtener un
verdadero compromiso con generar un cambio significativo en las variables
exógenas y endógenas que impacten
verdaderamente el futuro de nuestra economía? Por supuesto que todos podemos
ser felices ayudando a nuestro prójimo de vez en cuando, pero ¿estaremos todos
dispuestos a dedicarnos plenamente a este cambio?
Las explicaciones del crecimiento
económico, necesario para que se dé el desarrollo, no son sencillas y van desde
el funcionamiento de las instituciones sociales, según Theo Eicher, hasta la
formación de capital humano según, Paul Romer. No es algo que se pueda limitar
a unas cuantas horas de mi ocio que utilizo para obras de beneficencia, es
necesario que sea una labor de compromiso. El trabajo de mejorar, mantener y
fortalecer las instituciones sociales, es una labor extenuante que por sí sola
no suele generar suficiente utilidad como para que se realice fuera del ocio,
mismo caso sucede con la creación de capital humano. ¿Estarán los agentes
privados dispuestas a pagar más allá de su altruismo por generar estos cambios?
Habrán sus excepciones, sin embargo, a modo general, la teoría económica nos
diría que no.
Reducir la labor del gobierno a
obras de beneficencia, es restarle el verdadero valor de un ente que, con el
monopolio del poder, puede crear las condiciones para propiciar el desarrollo
humano. No se trata de una simple transferencia de dinero, como muchas veces se
intenta ver, se trata de un verdadero compromiso para impactar las variables
que nos lleve a tener mejores indicadores, a enfrentar la pobreza y los demás
problemas sociales de una manera estructural y coherente. Algo que no
obtendremos al vaivén de una mano privada que funciona en beneficio propio y
que, escudada en sus buenas intenciones, no genera más que aumentos
transitorios del bienestar social.
De esta forma, propiciar la
filantropía, como sugiere la frase, no es más que maquillar los verdaderos
problemas de la sociedad. Es una excusa para des atribuir de labores al estado
y beneficiar proyectos que no se traducirán en un verdadero progreso y desarrollo
social. Destinar un beneficio en utilidad positivo a los agentes privados por
concepto de ‘‘Warm Glow’’, no es más que, como diría un amigo, ‘‘gastar pólvora
en zopilotes’’. Es decir destinar recursos a algo que se sabe, no generará el
efecto que buscamos.
Si en efecto, nos liberamos de
recursos estatales y disminuimos la carga tributaria, lo cual en teoría
aumentaría el trabajo y la producción de la sociedad, estaríamos cayendo en el
pecado de primar el beneficio social transitorio sobre el estructural. Mejoraríamos
temporalmente las condiciones sociales a través de agentes privados que se
puedan dedicar a la filantropía, mas no aseguraríamos un mejoramiento
progresivo de las condiciones de la sociedad y de los sectores desprotegidos.
Resulta entonces claro que en
efecto, la labor del estado no se debe centrar en la filantropía, sin embargo,
tampoco es por esto que se debe destinar a propiciar la misma a través de
beneficios privados. El estado debe permitir el crecimiento económico a través
de programas que permitan efectos sobre las instituciones o la formación de
capital humano. Si bien es cierto, los estados han fallado en el pasado, no por
eso debemos abandonar los esfuerzos para enfocarnos en placebos que no lograrán
solucionar la enfermedad de fondo. Es decir, no podemos ignorar que lo que buscamos
es un progresivo mejoramiento de las condiciones de las clases desprotegidas,
no un alivio temporal a la situación
actual de las mismas. No es que la filantropía esté mal, o que los agentes
privados deban desistir de llevarla a cabo, pero si la utilizamos como una
excusa para no afrontar nuestros verdaderos retos como sociedad, estaremos, sin
duda, alguna empedrando nuestro camino al infierno.